El Papa Francisco ha iniciado su segundo día de estancia en Nairobi, Kenia, con un encuentro ecuménico e interreligioso en la nunciatura apostólica, donde se han dado cita los responsables de las distintas confesiones cristianas y los de otras religiones, la tradicional-animista y la musulmana, además de personalidades civiles comprometidas de modo especial con el diálogo interreligioso.
Tras agradecer los saludos el Papa ha insistido en que “el diálogo ecuménico e interreligioso no es un lujo. No es algo adicional u opcional, sino que es esencial, es algo de lo que nuestro mundo, herido por conflictos y divisiones, tiene cada vez más necesidad”.
Afirmaba que la fe y las creencias religiosas “son para nosotros fuente de iluminación, sabiduría y solidaridad y, como tales, enriquecen la sociedad en la que vivimos. Al cuidar el crecimiento espiritual de nuestras comunidades, al formar las mentes y los corazones a la verdad y a los valores enseñados por nuestras religiones, por nuestras tradiciones religiosas, nos convertimos en una bendición para las comunidades en las que vive nuestra gente”. De ahí, añadía el Papa Francisco, la necesidad de la “comprensión interreligiosa, de la amistad y de la colaboración en la defensa de la dignidad conferida por Dios a cada individuo y a los pueblos, y su derecho a vivir en libertad y felicidad”.
Por eso, “la importancia de nuestra convicción común según la cual el Dios que nosotros buscamos servir es un Dios de paz. Su santo Nombre no debe jamás ser usado para justificar el odio y la violencia”, y recordaba los recientes ataques que han tenido lugar en Kenia, en el Westgate Mall, en la Universidad de Garissa y en Mandera.
Y concluía el Papa pidiendo, al mirar el futuro, una oración “para que todos los hombres y las mujeres se consideren hermanos y hermanas, pacíficamente unidos en las y a través de sus diferencias. ¡Recemos por la paz!”.